No. No me engaño.
Es de ti que me nace este nuevo y único sentido
de amor. El color que matiza de esperanza mis viejos anhelos mustios, me
llega de ti.
Tengo un tropel de sensaciones disímiles que me
atropellan el alma, me pisotean el corazón y me avasallan el cerebro.
Si tan sólo pudiera poner en orden el caudal inmenso
de mis emociones... Si tan sólo pudiera comprenderme... Aunque me
comprendo... Me sé...
Conozco todas y cada una de las raíces que se
entretejen en mí, pero no
atino a destrenzarlas... Quizá sea que mis dedos
son torpes... Confío en los tuyos. Sé también que
toda yo —lo mejor y lo peor de mí— te
pertenezco... por eso, a ojos cerrados, me entrego a
ti.
¿Fue entonces, en aquella encrucijada de mi destino,
cuando trepaste a mis sueños? ¿O antes?...
Pudiste ya haber sido un poco de polvo adherido al mineral
que fui.
Tal vez me convives desde el anteproyecto del mundo.
¿O más ayer aún, quizá?
¡Quizá! Porque no puede ser que en esta
era de nuestras almas te esté conociendo --la llama es reciente,
pero tu luz me extralimita.
¿A cuántos siglos del dolor de no tenerte
se hizo este nudo que me une inexorablemente a ti?
Tan sólo tu recuerdo me priva hasta de primer
aliento, aquel que en la aurora de la especie nos heredó la idea...
Debe datar de muchas vidas esta manera de vivir por ti...
No menos de muchas muertes deben haber enseñado
a tu calor su modo particular de cabalgar en mi sangre...
Ha de costar milenios la persistencia con que tu imagen
me llena...
Las múltiples raíces con que te aferras
a mi corazón ¿en qué otoño lejano tuvieron
origen...? No sé.
Tal vez jamás pueda desentrañar el misterio
que envuelve el principio...
conocer el metal con que se forjó el eslabón
primero de esta cadena que
nos une a través de la eternidad...
Pero intuyo la suma de incontables edades...
la agregación infinita de una misma tendencia...
porque al largo exiguo de una sóla vida,
es imposible que llegara a amarte tanto.
Cris.
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